Adicción a las nuevas tecnologías, un problema creciente

DR. AUGUSTO ZAFRA VILLENA. DRA. ALEJANDRA GONZÁLEZ D’HUICQUE. CLÍNICA DE DESINTOXICACIÓN HOSPITALARIA. HOSPITAL NISA AGUAS VIVAS (VALENCIA)

Michael Jastremski. | Openphoto.net

20/06/2014

¿Quién podría negar el incesante incremento en internet o en los medios de comunicación de mensajes referentes a las redes sociales?, ¿quién se resiste al constante bombardeo mediático sobre las ventajas de la comunicación en tiempo real con otras personas que están a miles de kilómetros y contar toda nuestra vida y todo lo que nos pasa? ¿A quién no le gusta dar cuenta de su éxito personal o su vida perfecta  para mostrar lo bien que marcha todo? ¿Quién se resiste a la facilidad  de una nueva forma de relacionarse desde casa dentro de una falsa socialización?

Al hablar del problema de las adicciones habitualmente pensamos en una persona que realiza un abuso de sustancias y drogas, que es incapaz de controlar ese consumo y que dicha situación le lleva a medio plazo a un fracaso personal, familiar y laboral llegando a quedarse marginado a nivel social y olvidado por sus familiares. Si bien este no es un patrón infrecuente de adicción, existe otra dimensión concerniente al área de las adicciones relacionadas con los comportamientos que conllevan el mismo sufrimiento personal y social (ludopatía, adicción al sexo, dependencia emocional, adicción al trabajo, adicción a las nuevas tecnológicas, etc.) a pesar de que pasen más desapercibidos.

En los últimos años se han detectado en personas cada vez más jóvenes la adicción a las Redes Sociales. Este creciente auge se sustenta sobre algunos factores a los que no somos ajenos: avance tecnológico (smarthphones, tablets y ordenadores); el fácil acceso a internet (red wifi en recintos públicos, tarifas planas de las compañías de telefonía); la legalidad de su acceso; la comodidad de enseñar lo mejor de nosotros desde casa…

FACTORES PREDISPONENTES

Estos factores junto con la ignorancia, la permisividad o la inexistencia de filtros de control hacen que cada vez existan más personas que sienten un impulso irrefrenable de estar permanentemente conectados a internet, de mirar compulsivamente el móvil para detectar la última actualización en Facebook, de comunicar en tiempo real sus cambios emocionales o de detectar qué dice el último globito verde del whatsapp. Sin darnos cuenta que este incesante bombardeo de información íntima y personal, permanece en la red, en la que no solo tenemos acceso nosotros, sino también familiares, amigos, compañeros de trabajo, personas de recursos humanos de las empresas,  informáticos freelance, empresas privadas y publicas…

Estas nuevas formas de relación social, la inmediatez de la información a tiempo real y el acelerado ritmo de vida del siglo XXI hace el resto. Cada vez más aparecen personas sufren miedo a perderse algo (FOMO, siglas en inglés de Fear Of Missing Out), o tienen adicción al whatsapp (whatsappitis), o ansiedad por la ausencia de móvil (Nomofobia); o un uso compulsivo del smartphone sin prestar atención a quienes nos acompañan (phubbing); o la llamada percepción de la vibración fantasma (vibranxiaety). Sin lugar a dudas con los nuevos tiempos las adicciones cambian apareciendo verdaderos adictos a internet y a las redes sociales siendo una autentica epidemia, un producto del avance tecnológico y de la evolución de la sociedad.

EFECTOS SIMILARES A LOS DE SUSTANCIAS TÓXICAS

La adicción a las redes sociales como trastorno adictivo del comportamiento es una realidad en los últimos años. Existen alertas serias sobre su impacto en la población cada vez más joven que realizan un uso abusivo y caen un una dependencia similar a personas con problema de alcoholismo, cocaína o cannabis… activando a nivel cerebral las mismas áreas de refuerzo que lo harían sustancias tan tóxicas y adictivas como la cocaína, el alcohol o el éxtasis. Al estudiar a la personas con este comportamiento repetitivo, obsesivo y patológico encontramos a personas que suelen tener importantes dificultades en las relaciones humanas y en la comunicación personal, tendentes a una baja autoestima; de carácter introvertido y que van entrando en un progresivo aletargamiento de lo que sucede a su alrededor, tanto en los estudios, como a nivel de relación.

SEÑALES DE ALERTA

A nivel profesional esta realidad es una verdadera alarma sanitaria y social que debe activarse también en los usuarios cuando, por ejemplo:

  • Sentimos nerviosismo o miedo a que pueda suceder algo y que exista la posibilidad de no enterarnos
  • Ansiedad o cierto grado de preocupación que nos impide centrarnos en las actividades cotidianas o disfrutar en el momento de ocio cuando prevemos que no vamos a tener acceso a las redes sociales.
  • Tener una vida social virtual más rica que en persona
  • Pasar más horas navegando por redes sociales, buscando reforzadores y viendo los eventos externos que hablando con familiares y amigos.
  • Mirar las alertas nada más levantarse y ser lo último que se hace antes de acostarse.

En esas circunstancias se puede decir que en mayor o menor grado tenemos una dependencia psíquica y estamos en riesgo de desarrollar una verdadera adicción.

HIGIENE DE USO

Para evitar esta adicción, es preciso mantener unas normas de higiene de uso:

  • Desconectar Internet durante la noche.
  • No consultarlo antes de irse a la cama.
  • Prescindir de Internet cuando estamos reunidos o acompañados, durante los turnos de las comidas…
  • Mantener contacto familiar y social adecuado.
  • Ser conscientes de que las redes sociales son una herramienta más de relación social, pero no la única.
  • Tener en cuenta que la información que circula en la red deja de ser confidencial por muchos filtros de seguridad que se intenten poner.
  • Evitar que la vida virtual sustituya a lo real, lo tangible y lo cotidiano.