Cara a cara con la insuficiencia renal

01/11/2009

No duele y se suele achacar a algún esfuerzo, o simplemente al cansancio. Cuando el diagnóstico llega, la enfermedad ya ha recorrido gran parte de su camino. Es la insuficiencia renal crónica. En España, uno de cada dos enfermos necesita tratamiento de diálisis que supla las funciones de sus riñones dañados.

Antonio Grau, jubilado: “Para mí no es un problema venir a dializarme”.

Antonio Grau, jubilado: “Para mí no es un problema venir a dializarme”.

Junto con el hígado, el riñón es el órgano depurativo por excelencia en el organismo humano.

Con un tamaño de tan sólo diez centímetros y 150 gramos de peso, el riñón es lo más parecido a una depuradora: elimina sustancias tóxicas al tiempo que reabsorbe las que necesitamos y las devuelve a la sangre. Cuando su capacidad de filtración se daña aparece la insuficiencia renal, patología que se clasifica en cinco estadios; cuando alcanza el quinto, se diagnostica una insuficiencia renal crónica (IRC). A partir de entonces, el enfermo necesitará de un tratamiento especial que sustituya parte de las funciones que deberían desarrollar sus riñones para poder sobrevivir; las dos únicas opciones son el transplante y la diálisis. Mientras el primero llega para aquellos afortunados que puedan beneficiarse de él, una máquina suple, tres días por semana, y durante una media de cuatro horas diarias, las funciones depurativas del riñón. Es el tratamiento de diálisis, popularmente conocido como “riñón artificial”.

Tres amigas. Carmen, Pepita y Rafaela comparten enfermedad y horas de conversación en la sala de hemodiálisis del Hospital Nisa Valencia al Mar.

Tres amigas. Carmen, Pepita y Rafaela comparten enfermedad y horas de conversación en la sala de hemodiálisis del Hospital Nisa Valencia al Mar.

Nueve de enero de 2009. Para María José Riera, profesora de instituto, esta fecha cobra tintes trágicos; el cambio en su vida que a partir de ese día se produjo le obligó a ponerse en manos de un terapeuta que le ayudara a asimilar su nueva vida y a huir de la depresión. Ese nueve de enero María José se conectaba por primera vez a una máquina de hemodiálisis. “En 2004 me diagnosticaron la enfermedad y ya entonces me anunciaron que muy probablemente tendría que acabar en diálisis. Se me cayó el mundo encima”, recuerda.

Como María José, el resto de pacientes de la Unidad de Hemodiálisis del Hospital Nisa Valencia al Mar recuerdan el tremendo esfuerzo que supuso adaptarse a una nueva vida sujeta a una especie de “toque de queda” en la que cualquier actividad, bien laboral, bien recreativa -viajes, aficiones, reuniones sociales, prácticas deportivas o lúdicas, etc.- quedaba acotada por el espacio de tiempo entre sesiones de diálisis, que nunca irá más allá de dos días.

Vicente Vinagre, ex-presidente de ALCER Cáceres: “Hablar de la IRC es una buena fórmula para sobrellevarla” (en la imagen, con su hija Paloma).

Vicente Vinagre, ex-presidente de ALCER Cáceres: “Hablar de la IRC es una buena fórmula para sobrellevarla” (en la imagen, con su hija Paloma).

Montserrat Panach, Montse para todo el mundo, tiene 70 años y lleva cuatro dializándose. Viuda, con sus hijos ya casados, Montse llevaba, sin embargo, una ajetreada vida social que desgraciadamente se resintió por culpa de la diálisis. Y es que con el tratamiento se hace difícil “cuadrar horarios”, por ejemplo, ir a la piscina: cuando sus amigas pueden, ella tiene que dializarse muchos días.

Experiencias parecidas han vivido Carmen, Pepita y Rafaela. A la primera le encantaba salir a bailar, hoy, la sala de hemodiálisis se hace más llevadera gracias a las conversaciones con Pepita, “¡cuando está despierta, que se duerme enseguida!”.

Blas Méndez lleva también cuatro años dializándose. Pero en su caso, el tratamiento de diálisis se suma a una carrera de obstáculos en su lucha por la vida: ha sobrevivido a tres estados de coma, un cáncer y un infarto de miocardio. “Hay que tirar para delante; el optimismo es determinante para sobrellevar la diálisis”, afirma Blas.

Blas Méndez, ex-visitador médico: “El optimismo es determinante para sobrellevar la diálisis”.

Blas Méndez, ex-visitador médico: “El optimismo es determinante para sobrellevar la diálisis”.

A esta apuesta por una actitud positiva frente a la enfermedad se suma Vicente Vinagre. Con tan sólo 17 años tuvo que encajar que su futuro como profesional del ejército estaba truncado antes de empezar por culpa del mal funcionamiento de sus riñones. “Fue el primer palo”, recuerda; el primero de una larga lista en la que se alternan años de diálisis, dos transplantes con sus benditos años de vuelta a la normalidad y que tocaron a su fin con dos rechazos. Como Blas, su eterna visión “de la botella medio llena” ha sido determinante para convivir con la IRC ya va para treinta años; pero fue también su optimismo el que le negó a aceptar exigencias de su enfermedad. “Me resistía a dejar actividades, sobre todo deportivas, en las que estaba especialmente involucrado, pero poco a poco te vas dando cuenta de que la máquina, aunque por un lado te ayuda, por otro te va minando y no te deja ser el que eras… y te vuelves a hundir”. Pero la voluntad mueve montañas, y en el caso de Vicente logró compatibilizar durante seis años una vida laboral activa con el tratamiento de hemodiálisis. Aceptado el hecho de que la IRC es compañero de por vida, decidió unirse a ella y desde su puesto como presidente de ALCER en Cáceres dar a conocer la enfermedad y volcar esfuerzos en la concienciación social en torno a la donación de órganos.

En contra de lo que pueda parecer, las Unidades de Hemodiálisis no son siempre vistas por los pacientes como una forma de esclavitud. Existen casos, especialmente en pacientes de avanzada edad, en los que el desplazamiento a estos centros se convierte en una puerta a una vida social que se ha visto reducida por haber perdido al compañero/a de toda una vida y que se ha agudizado por la marcha de casa de los hijos. Después de toda una vida juntos, Antonio perdió recientemente a su mujer. Ve con frecuencia a sus hijos, si bien confiesa “que tienen su vida”. “Para mí no es un problema venir a dializarme”, reconoce.

En España, uno de cada dos enfermos de IRC necesita conectarse a un dializador para seguir con vida. Su dolencia, y su capacidad de lucha frente a un día a día duro e incierto son, sin embargo, ignorados por la sociedad en la que conviven.

secciones: nefrología