Conocer los factores de riesgo de la depresión es una de las claves para prevenir el suicidio

suicidio28/11/18

La American Psychological Association (APA) publicó recientemente datos muy llamativos sobre una problemática a la que, en ocasiones, no se está dando la suficiente importancia. La tasa de suicidio a nivel global aumenta año tras año agravando la profunda crisis en salud pública, y sólo en Estados Unidos el porcentaje aumentó en un 25% desde el año 2000 hasta hoy. Y concretando en España, en 2016 se produjeron más de 3.500 suicidios, una cifra superior a la de fallecidos por caídas fortuitas, ahogamiento o en accidente de tráfico.

La psicología juega un papel relevante para poder ayudar a las personas que empiezan a mostrar los primeros signos de depresión, tanto en la elaboración de programas de prevención, como en el diagnóstico y evaluación de los tratamientos. Como indica Carlos Rodríguez Méndez, psicólogo del Hospital Vithas Nisa Pardo de Aravaca, “incrementar el número de profesionales de la salud especializados, así como la cantidad de recursos destinados a la investigación y difusión es prioritario para poder atacar la raíz del problema y proporcionar soluciones en las primeras etapas de evolución.”

Cualquier persona, independientemente de su edad, puede comenzar a experimentar síntomas de depresión. La intervención temprana puede ser determinante para que esos primeros síntomas no evolucionen rápido. Algunos de los indicadores adelantados que, de presentarse conjuntamente, pueden alertarnos frente del riesgo de suicidio, son:

  1. Hablar de la muerte o mencionar la necesidad de desaparecer, autolesionarse y alejarse del entorno propio.
  2. Perder el interés en los hobbies.
  3. Reducir el contacto con los amigos o las actividades sociales.
  4. Tomar riesgos innecesarios.
  5. Presentar cambios en la personalidad, desde la tristeza a la irritabilidad, volverse irascible, sufrir ansiedad o, incluso, dificultad en la toma de decisiones.
  6. Dejar de preocuparse por la apariencia personal.
  7. Sufrir cambios en el comportamiento que afecten a la concentración, al cumplimiento de objetivos y propósitos personales, y falta de rutina.
  8. Tener problemas de sueño como insomnio, pesadillas, somnolencia excesiva, horarios desestructurados.
  9. Realizar una alimentación no controlada que provoque tanto pérdidas de apetito como ansiedad con la comida.
  10. Mostrar baja autoestima, sensación de sentirse menos, vergüenza, culpabilidad y sentimiento de estar de más en un lugar.
  11. Manifestar ausencia de esperanza en el futuro, que lleve a pensamientos de que nada mejorará y todo seguirá igual o peor.

Depresión y suicidio ¿Cómo hablar con adolescentes?

Los adolescentes conforman un grupo de riesgo a los que resulta importante prestar especial atención. Si se detectan en el joven los síntomas indicados anteriormente, es importante reforzar la relación con el adolescente y buscar el apoyo de un especialista para tratar de evitar la caída en la depresión.

La relación con el menor se puede fortalecer si expresamos interés por sus problemas, de forma totalmente abierta, comprendiendo y aceptando cada uno de los mensajes. Debe desecharse la idea de que hablar de los pensamientos suicidas de forma natural hará germinar la semilla del suicidio, un mito totalmente sacado de contexto.

Escuchar, incluso las cosas que más duela oír. Preguntar cómo se encuentra, simplemente, escuchar sin proponer soluciones. Mantener la conexión como una fuerte cadena salvavidas que permita al adolescente sentir protección y compañía, pues la soledad es uno de los mayores riesgos de suicidio.

Realizar actividades juntos y pasar tiempo en compañía: ver la televisión, jugar a videojuegos, practicar algún deporte puede ser una manera de reducir las distancias entre uno y otro, sin juzgar y siendo compasivo. El amor y el apoyo diario son un escalón más que se sube cada día.

En casos más extremos prioriza la seguridad. Alejar cualquier herramienta o artículo que pueda ser utilizado como arma de la casa para asegurar al joven, controlando que nunca esté solo y que acuda con rigurosidad a un tratamiento profesional de salud.

Al suicidio es difícil hacerle frente, pero más importante es no ignorarlo. Es la segunda causa de muerte entre jóvenes de los 15 a los 24 años, aunque incluso niños más pequeños conforman también este grupo de riesgo.

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