Dales leche, mamá

01/03/2008

En los últimos tiempos, son varias las corrientes nutricionales que cuestionan la idoneidad de la leche y sus derivados en la alimentación después de la lactancia. Sin embargo, la comunidad médico-científica es tajante al respecto: la leche es la principal fuente de calcio, fundamental para el correcto crecimiento óseo del niño.

Leche niñoLa alimentación de los niños preocupa a los padres. Y si a la templanza que exige lidiar con un niño “poco comedor” se unen los consejos cambiantes que en torno a la nutrición infantil se difunden a través de los medios de comunicación, acertar en la correcta alimentación parece misión imposible.

LA LECHE, CASI SIEMPRE BUENA

Las madres de postguerra daban pan con vino y azúcar a sus hijos cuando estaban “debiluchos”. No hace tantos años, los niños españoles tenían, sí o sí, que comer sesos alguna vez por semana para estar fuertes, y de paso les ayudaba a aumentar notablemente el nivel de colesterol. Pero los tiempos cambian; la investigación, también en nutrición, avanza, y las pautas alimenticias de no hace tanto parecen hoy auténticos despropósitos.

Sin embargo, los avances médico-científicos conviven al mismo tiempo con una saturación informativa que dificulta en extremo el discernir entre lo verdadero y lo que, por no basarse en evidencia científica alguna, es falso.

En los últimos años se ha cuestionado la idoneidad del consumo de lácteos, afirmación que, por estar este tipo de alimentos especialmente presente en las dietas infantiles, preocupa a los padres.

Los defensores de esta teoría, asentada en la medicina natural y alternativa, argumentan que el hombre es el único animal que bebe leche después de su etapa de lactante, que las proteínas de la leche, especialmente la de vaca, son muy indigestas y causa de distintos procesos alérgicos, etc. Sin embargo, médicos nutricionistas, endocrinólogos y pediatras dudan de su validez al carecer de base científica.

Y así, los pediatras siguen recomendando un consumo mínimo de leche durante la infancia de medio litro, si bien la recomendación está dirigida a niños sin intolerancia o alergia diagnosticada a la lactosa y/o a proteínas de leche de vaca.

Lo que sí es cierto es que la leche puede resultar difícil de digerir para determinados estómagos. En lo que concierne a la leche de vaca, ésta no se recomienda en niños menores de un año.

La Dra. Gurrea, responsable de la Unidad de Gastroenterología del Hospital Nisa 9 de Octubre, apunta a otros derivados de la leche, como los yogures, como fórmulas de mejor digestión, ya que “la leche que incorporan, parcialmente fermentada, se tolera mejor; hay algunos que incluso incluyen elementos, como el bifidus, beneficiosos para la flora intestinal”. Esto explicaría, por ejemplo, que algunos niños sufran flatulencias tras beber leche y que sin embargo el problema no aparezca al comer yogurt o queso.

Por otra parte, es cierto que la leche puede ser perjudicial en casos muy concretos. Según distintos estudios, a las intolerancias y alergias habría que añadir aquellos niños con predisposición genética a la diabetes; en ellos, la proteína de la leche, tomada en exceso y/o a edades tempranas (menores de un año) sí podría estar relacionada con el desarrollo de la enfermedad.

CONSUMO ADECUADO

Los yogures, quesos, bebidas lácteas con l-casei son igualmente ricas, desde el punto de vista nutricional, que la leche. En cuanto a los postres lácteos elaborados a partir de queso, “los fabricantes han mejorado su fórmula, que inicialmente era muy grasa, pero no conviene abusar: uno o dos al día sería suficiente”, explica la Dra. Gurrea.

Y es que, pese a ser la leche un alimento muy completo por su alto aporte de proteínas, grasas y azúcares, su consumo debe enmarcarse dentro de una dieta equilibrada. En este sentido, cabe destacar que los niños que abusan de los lácteos “pueden desarrollar anemia por el escaso aporte de hierro de éstos y por sangrados microscópicos a nivel intestinal”. explica la Dra. Gurrea.

Pese a todo, la leche cuenta todavía hoy con un aval que reconoce su riqueza: la Organización Mundial de la Salud insiste en la recomendación de un consumo, al menos, de medio litro en la infancia, si bien apuesta por doblar la cantidad en etapas como la adolescencia o el embarazo.

MÁS CALCIO

La leche es la fuente de calcio más importante en la alimentación infantil. Hasta aquí, nutricionistas, pediatras y endocrinólogos parecen de acuerdo. Sin embargo, esta hegemonía indiscutible de la leche como suministradora de calcio lleva a desconocer otra serie de alimentos que pueden ayudar a mejorar este aporte nutricional en la dieta de los niños. Y así, expresado en miligramos por cada 100 gramos de alimento, la leche de vaca tiene un contenido en calcio de 130, frente a 1.200 del queso manchego curado, 400 de las sardinas o 240 de las almendras o las avellanas. El yogurt se sitúa en torno a 130/180, y las judías blancas igualan a la leche con un 130.

Fuente: Clínica Universitaria de Navarra