Depresión y ansiedad se sitúan a la cabeza de motivos de incapacidad

15/11/18

«Estamos más conectados que nunca», explica el doctor Augusto Zafra, psiquiatra, director de Ivane Salud y responsable de la Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria del Hospital Vithas Nisa Valencia al Mar, «y sin embargo, también estamos más solos que nunca». Algo, que muchas veces puede desembocar en un problema de incomunicación para un individuo eminentemente social como es ser humano. Si a esto se le añade un apresurado ritmo de vida, el continuo cambio social, el descuido de las relaciones familiares, la inestabilidad laboral y la presión de ser cada vez más productivos, ponemos en jaque nuestro equilibrio psicofísico sin darnos cuenta y esa ecuación puede derivar en enfermedades psíquicas como la depresión y la ansiedad que requieren un abordaje profesional específico.

En el año 2025 la depresión será la primera causa de discapacidad en el mundo según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Una enfermedad, que se ha multiplicado en los últimos años y que continúa imparable su vertiginoso ascenso debido al agitado ritmo de vida que marca la sociedad actual, la necesidad de una rápida adaptación a los cambios, la competitividad imperante, la pérdida de los roles familiares tradicionales y el aislamiento social.

Depresión y ansiedad

Depresión y ansiedad son, de hecho, los trastornos más comunes de entre todos desórdenes mentales que aquejan a la sociedad actual. Unas dolencias que año tras año se incrementan progresivamente, tal y como demuestra su mayor incidencia y prevalencia entre la población. En este contexto, el trastorno de adaptación es el diagnóstico psíquico más prevalente en el médico de atención primaria y supone la presencia de síntomas patológicos de ansiedad y depresión ante cambios vitales en los que fracasan los mecanismos internos de afrontamiento. La pérdida de un familiar, de una pareja o de un empleo, son cambios vitales que requiere una adecuada adaptación y ninguna persona esta libre de poder padecer un trastorno depresivo o un cuadro de ansiedad si no es capaz de sobreponerse y pasar página de una forma psíquicamente sana. «Es natural sentirse mal y experimentar un período de duelo ante estas situaciones de pérdida; el problema viene cuando se convierte en algo patológico y la persona vive permanentemente instalada en ese dolor», detalla el doctor Zafra.

A ese sufrimiento debe sumársele otro factor que victimiza claramente a quien padece una enfermedad mental y que aún complica más su recuperación: el estigma. «De manera habitual a los trastornos mentales se les asocian connotaciones negativas por falta de información y por una cuestión cultural, ya que tradicionalmente se ha transmitido que un paciente mental es una persona problemática, violenta e incluso un potencial delincuente», puntualiza el responsable de la Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria del Hospital Vithas Nisa Valencia al Mar. De hecho, «nadie, o casi nadie, recomienda a su psicólogo o su psiquiatra pero sí a su cardiólogo, porque aún existe en la sociedad un cierto oscurantismo en torno a estas enfermedades y para muchas personas todavía es difícil reconocer que lo que les sucede excede a su voluntad y que traspasa el límite de su salud. Además, el sentirse de esta manera implica profundos autoconceptos que son erróneos, tales como los sentimientos de culpabilidad, el pensamiento de haber hecho algo mal, el autocastigo de pensar que se es una persona débil junto con el añadido de la incomprensión y el posible rechazo social», apostilla. Así, estos pacientes deben afrontar una triple lucha: contra sí mismos, contra su enfermedad y contra la sociedad.

Una historia que está cambiando

No es algo nuevo, sino una historia de décadas. «Antiguamente los enfermos mentales eran apartados de la sociedad, internándolos de por vida en centros psiquiátricos y ni siquiera eran asistidos por profesionales sanitarios», subraya el psiquiatra Augusto Zafra. Afortunadamente, hace años esta visión cambió y los pacientes empezaron a ser tratados en hospitales por parte de facultativos especializados que, poco a poco, avanzaron en los tratamientos y los humanizaron cada vez más hasta llegar a la asistencia integral y multidisciplinar con la que se trabaja hoy en día y que se simplifica en ofrecer al paciente y a su familia la mejor asistencia sanitaria posible en las diferentes etapas de enfermedad que puedan surgir durante el proceso de recuperación. En la actualidad, añade el doctor, «lo normal es que el enfermo reciba la mayor parte del tratamiento en casa, sin necesidad de hospitalización salvo en los momentos de crisis y, cuando éstas se producen, siempre se opta por un período de ingreso lo más corto posible».

En la Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria del Hospital Vithas Nisa Valencia al Mar que dirige el doctor Zafra se ofrece precisamente esta cobertura, además de ofertar también la asistencia en el hospital de día y el tratamiento inmediato en urgencias en caso de episodios agudos. Y todo ello, por parte de un equipo multidisciplinar en el que son piezas clave el médico psiquiatra, el psicólogo, el personal de enfermería y los auxiliares sanitarios, pero que también cuenta con terapeutas ocupacionales, monitores de ocio y tiempo libre y nutricionistas, ya que «está demostrada la importancia de un adecuado tratamiento psíquico, físico y nutricional para la recuperación del enfermo mental porque mejora los síntomas y el funcionamiento de la persona», afirma el especialista.

«Trabajamos con sesiones de psicoterapia para aliviar los síntomas e intentar modificar los hábitos del enfermo a fin de que éste mejore de manera progresiva, pero siempre desde un punto de vista individualizado y atendiendo a cada caso específico, puesto que la evolución puede ser muy diferente según las personas y las circunstancias de cada paciente», destaca el psiquiatra Augusto Zafra, al tiempo que hace hincapié en la importancia de abordar este tipo de trastornos «cuanto antes mejor».

«No hay que esperar para consultar a un especialista», indica: «Cuando existen síntomas que apuntan a un problema mental, el paciente debe al menos buscar asesoramiento y recibir información profesional y fidedigna si existe tratamiento para lo que le ocurre porque, cuanto antes se tratan los síntomas, mayor es el porcentaje de resultados positivos que se obtienen». Por eso, es imprescindible «desterrar ideas equivocadas como que quien sufre una depresión o un cuadro de ansiedad es porque quiere o porque es débil de carácter». Y es que hay mucho en juego, puesto que «sufrir un trastorno mental leve o moderado, como ansiedad o depresión, y no pedir ayuda profesional de forma temprana, puede desembocar en un trastorno más graves y que se perpetúen en el tiempo», advierte el responsable de la Unidad de Salud Mental y Psiquiatría Hospitalaria del Hospital Vithas Nisa Valencia al Mar.

Los trastornos mentales graves

Estos trastornos de carácter grave sufren aún mayor estigma social que las enfermedades mentales como la ansiedad y depresión, puesto que tradicionalmente se han asociado a la violencia y a la peligrosidad de este tipo de personas debido a que «pueden sufrir crisis muy graves y a que, en ocasiones, se tiene que recurrir a ingresos involuntarios», explica el psiquiatra Augusto Zafra.

En estos casos, «el tratamiento es más intensivo y una supervisión más continuada que en los trastornos mentales leves o autolimitados –señala el especialista-, aunque las recomendaciones y el abordaje médico que se realizan son muy similares». Una persona que sufre esquizofrenia «puede estar muy bien y llevar una vida normalizada aunque debe tener claro que su dolencia no es algo pasajero, sino que le obligará a cuidarse durante toda la vida». Pero, a juicio del doctor Zafra, esta situación «no es muy diferente de otras enfermedades físicas y socialmente más aceptadas, como un infarto». -»Quien ha sufrido un ataque al corazón o quien sufre de obesidad debe cambiar algunas pautas y cuidarse de por vida, exactamente igual que quien padece un trastorno mental grave« asegura.

No obstante, en las enfermedades mentales, «como en tantas otras dolencias», es imprescindible hacer un trabajo terapéutico para ayudar y acompañar en este «reconocimiento de la enfermedad que lleve a asumir a una cierta convivencia que ayude a afrontarla sin entrar en la negación, para encontrarse soluciones para mitigar los síntomas y obtener resultados en la recuperación». De hecho, el especialista en Psiquiatría, afirma que en las terapias actuales es fundamental «el binomio compromiso-aceptación del paciente consigo mismo, informar que es perfectamente posible recibir un tratamiento eficaz y animar a dar el paso y perder el miedo», agrega.

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