Falsos mitos sobre las vacunas

mitos sobre las vacunas28/09/2017

En los últimos años han proliferado opiniones contrarias a la vacunación. Como consecuencia de esta tendencia, se han dado rebrotes de enfermedades prácticamente erradicadas en países desarrollados. La comunidad científica, con la Organización Mundial de la Salud a la cabeza, se muestra unánime en la necesidad de utilizar vacunas. En este sentido, conviene desmitificar creencias que no se asientan en evidencias científicas.

Se entiende por vacuna cualquier preparación destinada a generar inmunidad contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos. Puede tratarse, por ejemplo, de una suspensión de microorganismos muertos o atenuados, o de productos o derivados de microorganismos.

Existen muchos falsos mitos en torno a las vacunas. Estos son algunos:

Las vacunas conllevan algunos efectos secundarios nocivos y de largo plazo que aún no se conocen. Más aún, la vacunación puede ser mortal. FALSO

Las vacunas son muy seguras. La mayoría de las reacciones vacunales son generalmente leves y temporales, por ejemplo, un brazo dolorido o febrícula. Los trastornos de salud graves, que son extremadamente raros, son objeto de seguimiento e investigación. Es más probable padecer un trastorno grave por una enfermedad prevenible mediante vacunación que por una vacuna. Por ejemplo, en el caso de la poliomielitis, la enfermedad puede provocar parálisis; el sarampión puede causar encefalitis y ceguera, y algunas enfermedades prevenibles mediante vacunación pueden ser incluso mortales.

Aunque un solo caso de trastorno grave o defunción por vacunas ya es demasiado, los beneficios de la vacunación compensan con creces el riesgo, dado que sin las vacunas se producirían muchos trastornos y defunciones.

La vacuna combinada contra la difteria, el tétanos y la tos ferina, así como la vacuna antipoliomielítica, pueden provocar el síndrome de muerte súbita del lactante (SIDS). FALSO

No existe una relación causal entre la administración de las vacunas y la muerte súbita del lactante, a pesar de que esas vacunas se administran en un período en el que el recién nacido puede sufrir el SIDS. En otras palabras, las defunciones por SIDS son casualmente coincidentes con la vacunación y hubieran ocurrido aunque no se hubiesen administrado las vacunas. Es importante recordar que esas cuatro enfermedades pueden ser mortales, y que el recién nacido no vacunado contra ellas corre graves riesgos de defunción y discapacidad grave.

Las enfermedades prevenibles mediante vacunación están casi erradicadas en mi país, por lo tanto no hay motivos para que me vacune. FALSO

Si bien las enfermedades prevenibles mediante vacunación son actualmente poco comunes en muchos países, los agentes infecciosos que las provocan siguen circulando en algunas partes del mundo. En un mundo sumamente interconectado, esos agentes pueden atravesar las fronteras geográficas e infectar a cualquier persona no protegida. Por ejemplo, a partir de 2005, en Europa occidental se produjeron brotes de sarampión en poblaciones no vacunadas de Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Italia, el Reino Unido y Suiza.

Por consiguiente, hay dos motivos fundamentales para vacunarse, a saber, protegernos a nosotros mismos y proteger a quienes nos rodean. Los programas eficaces de vacunación, al igual que las sociedades eficaces, dependen de la cooperación de cada persona para asegurar el bien común. “Que nuestros hijos e hijas, y nosotros mismos, estemos sanos, no debería depender de que terceras personas detengan la propagación de enfermedades. Cada uno tiene que poner de su parte, y esto se consigue vacunando”, asegura, en este sentido, el Dr. Javier Miranda, responsable junto con el Dr. Salvador Martínez Arenas, del Servicio de Pediatría en los hospitales Vithas Nisa de la Comunidad Valenciana.

Las enfermedades de la infancia prevenibles mediante vacunación son algo inevitable en la vida. FALSO

Las enfermedades prevenibles mediante vacunación no tienen por qué ser “algo inevitable en la vida”. Enfermedades tales como el sarampión, la parotiditis y la rubéola son graves y pueden acarrear importantes complicaciones tanto en niños como en adultos, por ejemplo, neumonía, encefalitis, ceguera, diarrea, infecciones del oído, síndrome de rubéola congénita (si una mujer contrae rubéola al principio del embarazo)… Todas estas enfermedades y sufrimientos se pueden prevenir mediante las vacunas. Los niños no vacunados contra estas enfermedades quedan innecesariamente vulnerables.

Es mejor la inmunización por la enfermedad que por las vacunas. FALSO

Las vacunas interactúan con el sistema inmunitario para producir una respuesta similar a la que produciría la infección natural, pero no causan la enfermedad ni exponen a la persona inmunizada a riesgos de posibles complicaciones. En cambio, el precio de la inmunización por infección natural podría ser el retraso mental provocado por Haemophilus influenzae tipo b (Hib), defectos congénitos debidos a la rubéola, cáncer del hígado derivado del virus de la hepatitis B, o muerte por sarampión.

Las vacunas contienen mercurio, que es peligroso. FALSO

El tiomersal es un compuesto orgánico con mercurio que se añade a algunas vacunas como conservante. Es el conservante más ampliamente utilizado para las vacunas que se suministran en ampollas de dosis múltiples. No hay pruebas científicas que sugieran que la cantidad de tiomersal utilizada en las vacunas entrañe un riesgo para la salud.

Las vacunas causan autismo. FALSO

Según se pudo determinar, el estudio de 1998 que suscitó inquietud acerca de un posible vínculo entre la vacuna contra el sarampión, la parotiditis y la rubéola, por un lado, y el autismo, por otro, contenía graves irregularidades, por lo que la publicación que lo divulgó lo retiró. Lamentablemente, su divulgación despertó temores que provocaron una disminución en las tasas de inmunización y los subsiguientes brotes de esas enfermedades. No existen pruebas científicas de una relación entre esa vacuna y el autismo o trastornos autistas.

Vacunar contra la gripe reduce el consumo de defensas de manera innecesaria el resto del año

Para el doctor José Manuel Rojas Marcos, coordinador de Urgencias del Hospital Vithas Nisa Sevilla, “es necesario vacunarnos contra la gripe porque otorga una mejor calidad de vida, nos conciencia a llevar unos hábitos de vida más saludables y, sobre todo, nos previene de complicaciones, principalmente a personas de riesgo, de sobreinfecciones por culpa del consumo de nuestras defensas que tenemos al padecer un proceso gripal, que en líneas generales es banal pero que se puede complicar”.

En los últimos meses de verano, aumentaron los casos de personas que acudían al Hospital Vithas Nisa Sevilla con afecciones respiratorias, asociados a los cambios constantes de temperatura que se dan al pasar del calor de 40 grados al frío del aire acondicionado de lugares cerrados.

Según el doctor José Manuel Rojas Marcos, “estos problemas respiratorios llegaban asociados a una falta de hidratación o a una deficiente alimentación, que provoca que nuestro cuerpo esté bajo de defensas y que agentes patógenos (que en esta época del año no deberían causar mayores problemas) provoquen un aumento de complicaciones respiratorias”.

¿A quién hay que vacunar?

Según las recomendaciones de diversas sociedades científicas, hay que vacunar a los grupos de riesgo: embarazadas, madres de niños menores de 6 meses, diabéticos, personas con enfermedades respiratorias y asmáticos, personas con enfermedades cardíacas, renales, mayores de 65 años, personal sanitario, profesores, fuerzas de seguridad o personal de prisiones.

“Pero cada vez estamos viendo los buenos resultados que tiene la vacuna contra la gripe en evitar procesos mayores como son las neumonías. Cada día más especialistas recomiendan la vacunación contra el neumococo a personal de riesgo para evitar mayores complicaciones a nivel pulmonar o meningeo”.

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