La vacunación del adulto

DR. PEDRO SOTO / SERVICIO DE PREVENCIÓN DE HOSPITALES NISA

Vacunación

01/07/2011

Es interesante constatar el gran contraste existente en nuestro país entre el cumplimiento del calendario vacunal infantil y la despreocupación y desinformación existente respecto a las vacunas en la edad adulta. Resulta evidente que existen en la población determinadas corrientes de opinión contrarias a las vacunas basadas en creencias religiosas o concepciones naturistas que entienden que el organismo debe inmunizarse frente a las enfermedades infecciosas de forma completamente natural. Igualmente cabe añadir los efectos negativos de los medios de comunicación que en ocasiones dan gran notoriedad a los efectos adversos de una vacuna.

Frente a estas formas de pensar, la ciencia médica debe oponer datos concretos. Por ejemplo, la viruela era una grave pandemia que en Europa se estima que ocasionaba a finales del siglo XVIII 400.000 muertes al año y un tercio de los supervivientes quedaban ciegos. En 1796–1798 Jenner desarrolló la primera vacuna contra la viruela y tras campañas de vacunación masiva se logró que en 1977 se declarara en Somalia el último caso conocido de viruela y la Organización Mundial de la Salud considere que se trata de una enfermedad erradicada.

Esto no es un dato aislado, pueden añadirse bastantes más, pero en aras de la brevedad comentaremos sólo dos:

– Frente a las enfermedades del tétanos y la difteria, la protección de la vacuna se aproxima al 100% de los vacunados, siendo su efecto secundario una leve reacción local en la inmensa mayoría de los casos.

– El sarampión y la poliomielitis son enfermedades víricas que no tienen tratamiento específico pero pueden prevenirse eficazmente con la vacuna, alcanzando la protección al 90 – 95% de los vacunados. Es realmente difícil encontrar fármacos que logren porcentajes de curación tan elevados.

Resulta por tanto indiscutible que las vacunas son una medida segura y eficaz de gran trascendencia para la salud pública. No obstante es importante resaltar que no existe una recomendación única de vacunas del adulto. Debe hacerse una indicación médica individualizada en función de parámetros como: edad, embarazo, profesión, viajes internacionales, antecedentes, etc. Por supuesto la decisión final es la del paciente pero para que sea libre y responsable sólo podrá hacerse tras un correcto asesoramiento médico.