Oír para aprender

01/03/2008

Alergias, infecciones de vías respiratorias recurrentes… son varios los factores que explican un aumento considerable de otitis crónicas medias en niños. Las hay de una naturaleza más virulenta que otras, pero en cualquier caso, un diagnóstico precoz es decisivo para maximizar las posibilidades de éxito de un tratamiento quirúrgico conservador.

Señales. Debe vigilarse de cerca a niños mayores de dos años con poca riqueza de vocabulario.

Señales. Debe vigilarse de cerca a niños mayores de dos años con poca riqueza de vocabulario.

Abuelos y educadores, con quienes los niños pasan la mayor parte del día, suelen ser quienes dan la voz de alerta: el niño no hace ni caso, ¿oirá bien?

Las otitis medias crónicas encierran un doble peligro: de no ser tratadas a tiempo, pueden mermar considerablemente la capacidad de audición del niño; por otro lado, se trata de una patología silente, lo que dificulta en extremo ese diagnóstico precoz tan necesario para tratar la enfermedad con éxito.

SEÑALES DE ALERTA

Cada niño lleva su ritmo. Todos los padres han oído alguna vez estas palabras de su pediatra al intentar tranquilizarlos ante su impaciencia porque su hijo tarda en andar, comer sólido o hablar.

Sin embargo, y si bien es cierto que “cada niño lleva su ritmo”, hay ciertas manifestaciones en la capacidad comunicativa de los niños que conviene vigilar de cerca en aras a combatir patologías del oído que pueden desencadenar consecuencias realmente invalidantes para el niño.

En este sentido, destaca el Dr. Rando, otorrinolaringólogo pediátrico responsable de ORL (otorrinolaringología) en Urgencias del Hospital Nisa Sevilla-Aljarafe, “a partir del primer año el niño ya balbucea y empieza a utilizar bisílabos: papá, mamá, agua… Progresivamente van adquiriendo un lenguaje más complejo, tanto en el número de sílabas como en la pronunciación correcta de fonemas; así que una señal de alerta puede darse en niños mayores de dos años con poca riqueza en palabras, que necesitan tener muy alto el volumen de la televisión, o que constantemente están preguntando ¿qué?”.

Cabe destacar, que las otitis medias crónicas no suelen traducirse en pérdidas agudas de audición. Sin embargo, no hay que perder de vista que durante la infancia, etapa en la que se produce el mayor desarrollo funcional cerebral en la vida del individuo, la plena facultad auditiva como mecanismo de aprendizaje resulta vital. En este sentido, matiza el Dr. Rando, “un adulto puede, relacionando apenas cuatro sonidos, saber qué pasa a su alrededor; el niño, sin embargo, todavía no ha pasado por el proceso de aprendizaje que le permita hacer lo mismo, así que las consecuencias de una pérdida moderada de audición no son en absoluto comparables con las del adulto, su alcance funcional es mucho mayor”.

FACTORES PREDISPONENTES

Otros casos que conviene vigilar de cerca son los de niños con infecciones respiratorias recurrentes, alergias o malformaciones craneofaciales, ya que favorecen la otitis media serosa, patología que puede evolucionar hacia una otitis media crónica y provocar hipoacusia o pérdida parcial auditiva. “Las otitis medias serosas no producen dolor ni fiebre como las infecciosas, -lo que dificulta su diagnóstico al no observarse síntomas-, son procesos inflamatorios de la mucosa del oído medio, donde existe una hiperproducción de moco que el propio oído es incapaz de drenar”.

La otitis serosa es una patología excepcionalmente común en la infancia; se estima que cerca de un 85% de los niños la ha padecido alguna vez. Esta elevada incidencia tiene su explicación, según el Dr. Rando, “en la inmadurez de la trompa de Eustaquio en la edad pediátrica, lo que impide que cumpla su función como conducto de ventilación y drenaje. La incidencia aún es mayor en niños alérgicos o en malformaciones craneofaciales como el Sd. de Down, donde además de la inmadurez propia de la edad se suman factores inflamatorios crónicos o estructurales”.

El diagnóstico de la otitis serosa se complica en niños especialmente inteligentes, capaces de leer en los labios o de adivinar por el contexto lo que se les está diciendo o la actitud que de ellos se espera.

OTITIS COLESTEATOMATOSA

Su comportamiento de carácter destructivo convierte su tratamiento en el más complicado de todos.

La otitis media colesteatomatosa, explica el Dr. Rando, “se comporta como un tumor que destruye las estructuras vecinas del oído medio -cadena de huesecillos, membrana timpánica, paredes del oído medio- e incluso estructuras nobles como el nervio facial, oído interno, canales semicirculares o meninges”.

Requiere, por tanto, un tratamiento quirúrgico agresivo de manos de un profesional con experiencia que elimine la enfermedad a la vez que reconstruya la zona afectada, proceso que fácilmente puede pasar por una segunda intervención. Una vez más, el diagnóstico precoz es determinante.

TRATAMIENTO QUIRÚRGICO

La precocidad en el diagnóstico de la otitis media crónica determina en gran medida el grado conservador de su tratamiento quirúrgico.

Detectada en estadíos iniciales, puede tratarse con intervenciones conservadoras -aquellas que inciden mínimamente en la anatomía del paciente- como miringocentesis y colocación de drenajes timpánicos transitorios o definitivos-.

En los casos en los que la enfermedad ha evolucionado, las técnicas de timpanoplastia persiguen la reconstrucción del sistema de transmisión del sonido, es decir, del tímpano y/o de la cadena de huesecillos. “La tendencia en niños es utilizar materiales autólogos -propios del paciente- como cartílagos, que consiguen una excelente funcionalidad sin los riesgos de biocompatibilidad propios de los materiales sintéticos”.

Las otitis medias crónicas son malas aliadas de la infancia, pues se ceban en la incapacidad de los más pequeños de contar de manera inteligible aquello que les hace sufrir. El papel de padres y educadores es vital para combatir una enfermedad que, según afirma el doctor Rando, “la cirugía es capaz de curar o minimizar sus secuelas”.

CIRUGÍA ORL PEDIÁTRICA

Además de las otitis crónicas, en el Hospital Nisa Sevilla-Aljarafe se trata todo tipo de patología otorrinolaringológica que precise intervención quirúrgica, desde las más frecuentes -como adenoidectomía (vegetaciones) amigdalectomía o frenectomía– hasta patologías congénitas del área ORL como masas cervicales, membranas laríngeas o la atresia de coanas, que en algunos casos llegan a comprometer la vida del niño.