Rehabilitación cardíaca: vivir sin miedo tras un infarto de miocardio

01/12/2008

Un aviso. Así lo viven quienes lo superan. La vida tras un infarto de miocardio puede llenarse de miedo, de preocupación ante la repetición del episodio cardiovascular. La rehabilitación cardíaca logra, no sólo recuperar la capacidad física, sino también el estado anímico que permita recuperar una vida normal.

En el 9 de Octubre, 90 socios acuden al Club Coronario a entrenar; todos comparten haber pasado por un infarto o un bypass coronario.

En el 9 de Octubre, 90 socios acuden al Club Coronario a entrenar; todos comparten haber pasado por un infarto o un bypass coronario.

Dirigida a quienes han padecido un infarto de miocardio y/o han pasado por una cirugía de bypass aorto-coronario, la rehabilitación cardíaca es un conjunto de actividades dirigidas a conseguir la mejor condición física, psicológica y social posible para que los pacientes se reintegren a una vida normal dentro de la comunidad, todo esto se consigue a través de ejercicios aeróbicos dirigidos de cinta y bicicleta, técnicas de relajación, etc. que, conjuntamente con hábitos saludables -dieta exenta de grasas, abstención del tabaco, el alcohol y las cifras de glucosa, principalmente – se logra mejorar la capacidad funcional, reducir los síntomas y crear una sensación de bienestar en los pacientes.

MINIMIZAR FACTORES DE RIESGO

El especial seguimiento al que eran sometidos determinados enfermos cardiovasculares en Finlandia empujó en 1974, y tras visitar el país nórdico, al doctor Vicente Tormo a implantar un programa de rehabilitación cardíaca en Valencia. Era la primera vez que un proyecto de estas características funcionaba en España.

Cerca del 40% de los enfermos que logran llegar al hospital vivos tras un infarto de miocardio fallece durante el primer mes, tres de cada diez lo hará en el transcurso de un año.

La rehabilitación cardíaca pretende minimizar los factores de riesgo que puedan derivar en un segundo infarto. El programa se estructura en tres fases, las dos primeras se dispensan en el centro hospitalario al que el enfermo acude para ser atendido tras el infarto. La tercera incide en hábitos saludables que conforman un cambio importante en la rutina diaria del enfermo y, por ello, deberán conservarse de por vida.

EL CLUB CORONARIO DEL 9 DE OCTUBRE

Desde hace veinte años, el Club Coronario del Hospital Nisa 9 de Octubre sirve de punto de encuentro de quienes han sufrido un infarto y han vivido para contarla. Dos días por semana acuden al gimnasio especialmente equipado para la rehabilitación cardíaca (RBH) en fase III. La doctora Gracia Tormo y Rosa Torregrosa, fisioterapeuta especializada en RBH, evalúan cada caso antes de diseñar un entrenamiento acorde a la historia clínica y el estado de cada paciente.

El ejercicio físico está indicado en pacientes que necesiten mejorar su capacidad frente al esfuerzo, es decir, en pacientes que han sufrido un infarto de miocardio o se han sometido a un bypass o a una angioplastia. “En realidad”, admite Rosa Torregrosa, “podrían entrenar en cualquier gimnasio tras la fase II hospitalaria que es la de aprendizaje, pero aquí cuentan con un valor añadido muy importante para ellos: la seguridad”. En este sentido, cabe destacar que, a la tranquilidad indiscutible de encontrarse en un centro hospitalario -con Unidad de Cuidados Intensivos, Urgencias etc..- el gimnasio del Club Coronario cuenta con desfibriladores, además de revisiones protocolizadas para cada paciente antes de comenzar el entrenamiento.

CONTROL CARDÍACO EXHAUSTIVO

La configuración de cada entrenamiento pasa por el estudio detallado de la historia clínica. Cuando se incluye un paciente por primera vez, se realiza una prueba de esfuerzo a cargo del Dr. Blanch. En las sesiones rutinarias de entrenamiento, el control cardiológico es imprescindible en aras a maximizar la seguridad. “Antes de empezar”, explica Rosa Torregrosa, “se toman las constantes -pulso y tensión arterial- y, en caso necesario, se hace un electrocardiograma”.

Los beneficios de la RHB son, siempre y cuando vayan acompañados de hábitos higiénico saludables, indiscutibles: descenso de lípidos en sangre, mayor capacidad funcional -mejora la capacidad para el esfuerzo del corazón-, descensos notables de peso y tensión arterial, de las cifras de glucosa, mejor tolerancia al stress, y a largo plazo menos reinfartos, logrando una mejor calidad de vida. El resultado se resume en un nada desdeñable control de los factores de riesgo de la patología cardiovascular.

PRINCIPAL CAUSA DE MUERTE

Según datos de la Federación Mundial del Corazón, las enfermedades cardiovasculares y los infartos causan 17,5 millones de muertes al año, tantas como el resultado de sumar las provocadas por el SIDA, la tuberculosis, la malaria, la diabetes, el cáncer y las patologías respiratorias crónicas.

Las enfermedades cardiovasculares producen en Europa 4,3 millones de fallecimientos. Aproximadamente dos millones de esas muertes se producen en los países de la Unión Europea: las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en la Unión Europea.

Los hombres son el grupo de población más afectado en España: los de regiones como Andalucía, Comunidad Valenciana, Extremadura, Baleares y Canarias presentan cifras de fallecimientos equivalentes a las naciones europeas consideradas de mayor riesgo. Tres de cada diez muertes que se producen en la población femenina española están directamente relacionadas con la salud cardiovascular.

Incomprensiblemente, pese a lo alarmante de estas cifras, y teniendo en cuenta que la RHB se ocupa exclusivamente de enfermos que ya han pasado por un infarto o por un cirugía de bypass aorto-coronario, sigue sorprendiendo que en España sólo el cinco por cien de estos pacientes se someta a un programa de rehabilitación cardíaca. La media europea es cinco veces superior.

Rehabilitación cardíaca 3«EL MIEDO SE VA»

Jesús García era delegado de una archiconocida multinacional automovilística alemana. En 1995 su corazón sufrió un infarto de miocardio. Tras el susto, empezó un programa de rehabilitación cardíaca y entró a formar parte del Club Coronario del Hospital Nisa 9 de Octubre, del que hace cinco años es presidente. Desde entonces, acude religiosamente dos días por semana a entrenar. Los días, pocos, en los que la pereza le tienta, «mi mujer me manda enseguida para aquí».

Trece años de esfuerzo y disciplina casi germánica para no fallar a su cita semanal con el Club Coronario sólo pueden traducirse en una cosa: la experiencia es altamente positiva. «Aquí te sientes muy arropado, el miedo que vives después del infarto se va», afirma convencido Jesús. Y es que, a los evidentes progresos físicos -muchos de los socios del club superan con creces la capacidad de esfuerzo de quienes no han sufrido un infarto- se une la mejora anímica. «La progresión que te proporciona el entrenamiento supone un importante espaldarazo psicológico». El ambiente de camaradería que se respira en el gimnasio también pone, sin duda, su granito de arena.