Solo un 1-2% de los niños y niñas con obesidad lo son por causas genéticas

obesidad infantilSegún la OMS, casi el 40% de la población infantil española tiene exceso de peso. Atendiendo exclusivamente a los casos de obesidad, apenas un 1-2% se explican por causas genéticas. Hasta un 99% se produce por un exceso de consumo de calorías.

Causa genética casi inexistente

La probabilidad de que un niño o niña con padre o madre obesos acabe siendo obeso es del 50%; la cifra se dispara hasta el 80% si los dos, padre y madre, lo son.

En Estados Unidos, país que por sufrir muy de lleno el azote de la obesidad desarrolla una intensa labor de investigación, un estudio reveló que nueve de cada diez niños adoptados por padres obesos, acaba siendo obeso. El ejemplo refuerza la teoría que desecha el factor genético o metabólico como explicación de peso en la obesidad infantil.

“La causa más frecuente de obesidad infantil (del 95 al 99%) es llamada obesidad nutricional, simple o exógena, relacionada con factores ambientales y el desequilibrio entre la energía  ingerida y la gastada”, explica la Dra. Dolo Gurrea, pediatra especialista en gastroenterología del Hospital Vithas Nisa 9 de Octubre.

Es decir, la inmensa mayoría de niños y niñas obesos en España, tal y como confirma la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad, lo son porque ingieren más calorías de las que gastan. Los demás casos, que pueden ascender hasta un 5%, se producen por causas genéticas –entre el 1 y el 2%-  y otras alteraciones metabólicas. Sin embargo, es importante resaltar que “incluso aquellos niños y niñas que genéticamente tengan mayor predisposición a ser obesos, no tienen porqué serlo si siguen una dieta equilibrada”.

En este sentido, el papel de los padres a la hora de controlar la alimentación de sus hijos es determinante para escapar de una enfermedad que, por convertirse en un círculo vicioso, resulta tremendamente complicada de tratar.

Factores de riesgo desde el nacimiento

“Los niños nacidos pequeños o grandes para la edad gestacional, el crecimiento intrauterino restringido con crecimiento rápido postnatal, la ingesta elevada de proteínas y energía en los primeros  meses de vida, una alta tasa de crecimiento durante los primeros 12 meses de vida, la ausencia o poco tiempo de lactancia materna, introducción precoz de la alimentación complementaria,o ingesta de bebidas azucaradas y de otros alimentos con alta densidad energética” afirma la Dra. Gurrea, consituyen factores de riesgo frente a la obesidad.

Desorden en las comidas

Los ritmos de vida acelerados que priman en Occidente, la incorporación de la mujer al mundo laboral -que dificulta cocinar diariamente menús variados y equilibrados- y la comodidad de los padres complican el orden en los hábitos alimenticios de los pequeños.

“A muchos niños la comida del cole no les gusta, así que salen hambrientos y es entonces cuando, en muchos casos, se produce un auténtico atracón hipercalórico”, explica la Dra. Gurrea, que recalca como, efectivamente, “la falta de tiempo para cocinar o para insistir en que los niños coman no sólo lo que les gusta sino también lo que les conviene, ha desempeñado un papel muy en contra de la salud nutricional de los niños hoy en día”. El esquema, con sus variaciones, es habitual en niños con sobrepeso: no comen lo que no les gusta, así que pasan horas sin comer para hacer una o dos comidas hipercalóricas al día.

Al hilo del error que supone alimentar a los más pequeños exclusivamente con aquello que les guste, la Dra. Gurrea recomienda “introducir aquellos alimentos que cuestan más, como verduras o frutas, en pequeñas cantidades para ir acostumbrando al paladar a nuevos sabores e ir aumentando poco a poco la ración. Puede ayudar, por ejemplo, ir con ellos al supermercado y pedirles que sean ellos quienes elijan entre distintas frutas y verduras”. Es importante, destaca la especialista, “saber que aquellos sabores que no hayamos logrado introducir alrededor de los 2/años, será harto complicado introducirlos en edades posteriores”.

Predicar con el ejemplo en casa

Desde los primeros meses de vida hasta los seis años aproximadamente, las células grasas se multiplican, por lo que comer en exceso aumenta el número de células grasas. Reparar luego el exceso de tejido adiposo es harto complicado. Los especialistas insisten en la importancia de adoptar hábitos alimenticios sanos desde la infancia, algo prácticamente imposible si los padres no predican con el ejemplo. “Para los niños su papá es un referente fundamental y tienden a imitarlo en todo”, explica en este sentido la Dra. Gurrea.

Si en su pequeño mundo, las grasas, dulces, chuches, forman parte de la normalidad porque además sus papás lo potencian consumiendo este tipo de alimentos diariamente, el niño tendrá muy difícil aprender a comer bien. La Convención de Naciones Unidas sobre Derechos del Niño reconoce el derecho de éste de “tener a su disposición alimentos nutritivos adecuados para su correcto desarrollo y crecimiento”. Un niño obeso corre un grave riesgo de padecer problemas respiratorios, cardiovasculares, óseos, psicológicos y sociales.

Evitar hábitos directamente relacionados con la obesidad

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hoy hay tres veces más obesos en Europa que hace veinte años. Este alarmante aumento de la obesidad ha empujado a las autoridades sanitarias europeas a desarrollar importantes labores de investigación en torno a la enfermedad. Dieta hipercalórica y falta de actividad física aparecen siempre como culpables indiscutibles.

Algunos hábitos, englobados en esta conclusión genérica, que conviene evitar en los más pequeños son:

  • consumo de bollería industrial y embutidos.
  • “picar” entre horas o después de cenar.
  • no desayunar, o desayunar poco.
  • consumo de bebidas hipercalóricas (colas, zumos azucarados, etc.), que en la mayoría de casos tan sólo aportan calorías vacías.
  • comer por aburrimiento.
  • ver televisión y/o pasar tiempo con dispositivos móviles
  • consumo de alimentos precocinados ricos en grasas saturadas.